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Por Ramón Durón Ruiz
Hay una historia formidable de Albert Einstein que parafraseo para usted: “Dos niños patinaban en un lago congelado de Alemania. La tarde estaba densamente nublada y fría. Los niños jugaban despreocupados. De repente, el hielo se quebró y uno de ellos cayó, quedando atrapado en las gélidas aguas. El otro, viendo que su amigo a pesar de denodados esfuerzos, no lograba salir y temiendo muriera de hipotermia, corrió a la casa más cercana para que llamaran a la línea de auxilio, solicitando ayuda. Cuando los paramédicos llegaron y vieron que el niño ya había sido sacado del hielo y su amiguito le frotaba el cuerpo con la chamarra para que no se congelara, le preguntaron al niño: ¿Quién lo sacó del agua? ¡Yo! ¿Cómo conseguiste sacarlo? ¡Es imposible que lo hicieras, si eres muy pequeño y con tan pocas fuerzas! En ese momento, Albert Einstein que pasaba por allí, comentó: – Yo sé cómo lo hizo. – ¿Cómo? Le preguntaron al unísono. – Muy sencillo respondió Einstein, no había nadie para decirle que no se podía.” La moraleja de esta historia nos sirve para decir que quizá esto mismo fue lo que le sucedió a los integrantes de la Selección Olímpica de Futbol: ¡Nadie les dijo que no eran capaces de triunfar! ¡Nadie les dijo que no se podía! Hay una fábula en la que le preguntan al ciempiés: ¿Cómo te pones los zapatos? ¡De uno en uno! –Respondió el artrópodo. Así nuestros jóvenes seleccionados, con una fe más grande que su corazón, con un entusiasmo que rebasa su cuerpo, fueron demostrando su capacidad de “uno en uno” en sus partidos: empataron a cero con Corea, ganaron a Gabón 2-0, a Suiza 1-0, a Senegal 4-2, a Japón, 3-1. Así llegaron meritoriamente a la final, en donde demostraron nada menos que ante Brasil, con 2 goles a 1, que línea por línea son campeones olímpicos y de la vida, porque están llenos de coraje deportivo, con un corazón más grande que la desesperanza, con una envidiable pasión y mística que en tiempos de desaliento, los hace ejemplo y orgullo nacional. Esta historia se suma a otras en las que los jóvenes futbolistas demuestran que ¡sí se puede!, como en 2005 en Perú, donde la Sub 17 quedó campeona; al igual que en Guadalajara, en los Panamericanos de 2011, donde ganaron el oro, y en el Torneo Esperanzas de Toulon 2012, en la Sub 23 consiguió el triunfo. Estos jóvenes son campeones olímpicos por derecho propio; demostraron que saben vencer todo tipo de obstáculos mentales y sabiendo ir más allá de sus límites, vencieron la crisis más grande que afecta a los mexicanos: la crisis de la incompetencia. Resulta que un grupo de amigos se cooperan pa’ pagarle el viaje a las Olimpiadas al Filósofo. En un burdel de Londres, una prostituta llena de concupiscencia carnal, recibe a un argentino; al desnudarse, éste ve asombrado que lleva dos tatuajes en los voluminosos muslos, al ver la cara de asombro ella le dice a su cliente: Llevo tatuados a los mejores jugadores del futbol, si adivinas quienes son… ¡Es gratis! El argentino observa meticulosamente y dice: ¡Ché boluda!, este de la derecha es Pelusa, Maradona, antes de él no hubo futbol, pero al de la izquierda no lo conozco. Entonces, pagas la mitad. Después llega un holandés y se repite la historia, éste dice: Pues el de la izquierda es Johan Cruyff, el más grande del mundo, pero al de la derecha no lo conozco. Muy bien, te cobro la mitad. Los amigos ponen a prueba al Filósofo; la dama repite la historia, el viejo campesino de Güémez mira los tatuajes y le dice: El de la izquierda es Cruyff, el de la derecha es Diego Armando Maradona. ¡Muy bien!, para ti es gratis, ¿eres mago o eres experto en futbol?, porque nadie había adivinado los dos. ¡No! dice el Filósofo, ni mago, ni experto en futbol, lo que pasa es que en el Pub me tomé una cerveza con el argentino y el holandés y me contaron de los tatuajes.
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